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domingo, 15 de noviembre de 2009

Sueño

A diario sueño que te mando un mensajito y te invito a un boliche. Vos aceptás. Yo te espero pero vos tardás en aparecer. De repente te hallo en la multitud, vos me mirás fijo con esos ojos que parecen tiernos y que a la vez me expresan tu deseo hacia mi. Tras su interpelación me acerco a vos, te tomo de la mano y vamos a un lugar oscuro para estar más cómodos. Todo sin dirigirnos la palabra.

Aunque tus besos me encanten esta vez la que toma las riendas soy yo. Voy a sentarme en tus piernas. Vos vas a dejar que te bese, que acaricie tus labios con los mios, que te los muerda tiernamente. Besaré tu cuello y lo morderé.

Quiero acariciarte todo. Primero voy a empezar por tus brazos, seguido de tu espalda, a la que tocaré tiernamente pero luego arañaré de a ratos, cuando nos pongamos más intensos. De ahí pasaré a tus piernas, y luego, bueno vos sabés donde...

Aceptarás todo sin chistar. Y vamos a estar así, sintiéndonos durante un largo rato. Horas si hace falta. Vos vas a pedirme insistentemente irnos a otro lado y yo te voy a hacer suplicar y desear un encuentro más íntimo. Cuando yo ya no pueda aguantar más te voy a tomar de la mano otra vez y partiremos con rumbo incierto.

Vamos a poseer nuestros cuerpos durante horas, vamos a amanecer juntos. Haremos todo lo que nos procure placer y seremos uno, al fin, luego de tanto tiempo...
PD: prometo no escribirle más cosas... pero esto era necesario.

lunes, 24 de agosto de 2009

Las desacertadas...

Existe un blog sobre esto, por lo que no pienso arrogarme la creatividad del término ni lo que él designa. Por el contrario.
Quiero afirmar por este medio mi adhesión al grupo de las mujeres desacertadas en el amor. Me identifico con ellas: sus problemas son los mismos que los míos. Sus temores y modos de actuar son exactamente iguales a los propios. Sus tristezas y desesperanzas son homologables a las mías. Todo cuadra, yo pertenezco a ellas.
Ahora bien, como toda persona que se dedica a las ciencias sociales, no pude evitar tomarme el trabajo de pensar qué características nos aúnan a las desacertadas y básicamente cuál es la génesis de nuestros desaciertos. Qué hay por fuera de lo que nos pasa a diario que nos hace confluir en tan populoso grupo en el cual muchas desearíamos nunca formar parte (porque no es divertido que te vaya mal con el sexo opuesto). Y llegué a los siguientes rasgos, que si bien son reconocibles, no conozco bien cómo se modifican (igualmente definirlos es el primer paso). A saber:

* La desacertada tiene una relación muy particular con la figura paterna. Poco importa que nuestro padre esté ausente de nuestro hogar o que viva con nosotras. Nuestra relación con él es siempre DISTANTE. Nuestro padre, tal como los hombres que conocemos, es un ser inalcanzable, complejo, que hasta incluso nos toma por sentado. Convivimos y aprendimos que llevarse con los hombres en el plano amoroso (no amistoso, esto lo trataré más adelante) es la búsqueda de alguien como nuestro padre: un ser que lisa y llanamente no nos de pelota.

* Una frase que nos caracteriza es: "yo no soy histérica, me gustan las cosas de frente". Y claro, ahí nos equivocamos. Porque siempre con nuestro si y nuestra sinceridad a mano nos quedamos sin misterio, perdemos la gracia y el glamour al toque. Y claro está, con nuestra actitud frontal siempre nos topamos solo con hombres histéricos. Porque aparentemente las carentes de histeria somos nosotras, pero a ellos los buscamos bien complejos y retorcidos...

* Las desacertadas jamás llevamos una vida alejada de lo masculino. Por el contrario, vivimos permanentemente en la masculinidad: solemos tener muchos amigos hombres -de los cuales un porcentaje nos quiere dar y nosotras o nos hacemos las boludas o no tenemos ganas; otro porcentaje no nos da pelota aunque les queremos dar y el resto es gay, he aquí que nuestros verdaderos amigos son estos últimos- y nos metemos en ambientes socialmente considerados masculinos: queremos puestos altos, aspiramos a tener una carrera profesional, los hijos son algo que por lo general queda rezagado entre nuestros planes -o quizá ya tenemos uno y deja de ser una meta. No es mi caso pero sí el de muchas otras- y nunca pensamos vivir de un hombre. La sola idea de ser mantenidas nos horroriza. No puedo determinar si esto último es coherente con lo anterior o si simplemente es una derivación de nuestros aciertos. Sabemos que, al no poder mantener una relación a largo plazo el ser mantenidas no está ni en nuestro horizonte. Quiero aclarar que yo sostengo que es por lo primero, pero no descarto la segunda como opción para algunas.

* Para agregar a lo anterior, en mi caso se suma el ser muy futbolera. De lo contrario se jactan muchas de mis amigas, que creen que es un rasgo de femeneidad el rechazar el fútbol, junto con sostener su supina ignorancia de sus reglas y su carácter popular.

* Tipos de hombres favoritos de las desacertadas: los bad boys, los casados, los que están de novio, los mucho mayores que nos, los menores (y bastante) que nos, los de gran conversación, de esos que les caen bien a todo el mundo (y a todas, con lo que rotan mucho pero no necesariamente caen en una, la desacertada), los que tienen hijos, los que son callados y con un halo de depresión, los muy lindos (de esos que les gustan a todas), los cancheros que suelen ser un tanto creidos, nuestros jefes, nuestros profesores de la facu. En fin, todo ser complejo, no disponible, no recomendable.

* Las desacertadas nos jactamos de nuestras múltiples liberaciones: entre ellas la de ser sexualmente bastante abiertas. No creemos que tener sexo en la primera cita esté mal (aunque no siempre lo hacemos), consideramos que si las cosas se calientan rápido y se habla poco y se hace y toca mucho, mejor. Creemos que es mejor ser una loba que darla de caperucita roja. Sin embargo -y aún cuando no entiendo el por qué- a veces nos juega en contra. Los hombres siguen viviendo un tanto en las cavernas (y aún cuando ellos me lo quieran negar 800 millones de veces y me digan que generalizo en exceso, es así) y a la larga buscan a las niñas "tiernas" (las que saben venderse como tales... ojo!) con las que tener hijitos y presentarlas a su madre. Y muchas veces esa actitud nos hace caer en ser desechables. O en durar pero a la larga ser un poco despreciadas por ello. Pero calma chicas: no nos quiero vapulear por eso. Al contrario creo que la pasamos bien porque somos fieles a nosotras mismas, oimos a nuestros cuerpos y merecemos hombres que tengan los huevos suficientes para bancarse eso. Pero la verdad es que tipos copados, con esa capacidad, escasean... Y MUCHO. Es mejor ser así que una solapada. Pero, convengamos, no siempre nos suma porotos...

* A su vez tenemos amigas variadas pero con actitudes similares: algunas desacertadas como nosotras, que en cuanto encuentran pareja se creen en posición de darnos consejos y hasta decirnos qué hacer; las casadas que nos miran como desde arriba diciendo: "yo pude, no es nada difícil, lo que pasa es que vos no los enganchás, no les parecés lo suficientemente interesante, no como yo...", y después las amigas copadas: otras desacertadas crónicas que salen con vos por diversión, y las casadas o de novia con onda que entienden tu situación y te escuchan sin juzgarte. A estas últimas las amás, a las otras las respetás y un poco las envidiás.

* Nosotras siempre somos profesionales: chicas formadas, leídas, con gustos culturales altos. Siempre escuchamos la mejor música y conocemos hasta las bandas más raras. Odiamos a Arjona, a Ricky Martin y a Luis Miguel. Los hombres dicen admirar nuestros gustos musicales y sin embargo siempre eligen a las fanas locas (hasta con vinchita) de los primeros.

* Por otra parte, siempre somos consideradas mujeres "especiales". Para los hombres nunca somos iguales a las demás, tenemos algo que nos diferencia: ya sea por ser lanceras, o por nuestros gustos o nuestras actitudes. Eso a ellos les "encanta" y nos hace "especiales" a sus ojos. Claro está, ello termina siendo un claro caso de la lucha por la significación: porque si bien una puede suponer que la palabra especial designa un término positivo (aquello que nos haría deseable frente a las demás) termina siendo un pelotazo en contra: sos tan "especial" que prefieren prescindir de vos, en ese caso "convencional" se revalida. SIEMPRE.

* Las desacertadas, además, vivimos en una especie de primavera permanente. Nos dicen y sabemos que el buscar pareja está complicado pero alrededor nuestro el amor fluye permanentemente: vemos parejitas en todos lados (plazas, transporte público, la propia calle), nuestras amigas cambian de pareja o se casan; hasta incluso los familiares más viejos encuentran el amor antes que nosotras: ¿a quién no le pasó que su abuela o tía de 80 años, viuda, que uno ya creía que el mundo masculino le generaba asco, se casara con un señor bien ubicado e interesante? Y una siempre esperando algún llamado de un idiota que jamás volverá a aparecer...

En fin, estos son los rasgos que he encontrado hasta ahora. No sé solucionarlos o si siquiera merecen solución. Lo cierto es que si tuviera todas las respuestas no sería una desacertada.

Y ustedes, ¿coinciden con estas categorías? ¿agregarían algunas que falten?

sábado, 18 de julio de 2009

Solicitada

Mery busca (sin ninguna urgencia) hombre de 24 a 35 años (con posibilidad de ampliación hasta los 39, dependiendo del estado físico del sujeto en cuestión) con comprobada esterilidad (se aceptan solo recetas médicas, nada de jurar que no pueden tener hijos, ¡quiero PRUEBAS!)

Porque a diferencia de muchas mujeres (no todas, no se engañen), no me gustan ni los bebés ni los niños. Y no quiero tener ninguno. ¡Estoy especialmente diseñada para ustedes!
Lo más loco es que, ante mi evidente antipatía por los mocosos, ellos se empecinan en llevarse conmigo. ¡Me adoran los muy desagradables! No importa cuán poco los mire, que los ignore sistemáticamente... ellos se pegan a mí cual imán a la heladera.

Una muestra más de que el humano es desde chico un buscador de aquello que no puede tener: la simpatía y el amor de gente como yo, que ve un niño y se corre unos metros para no tenerlo cerca ni, por supuesto, escucharlos.
¿Voluntarios?
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