Hoy me pongo seria. Quiero hablar de un tema que está en la agenda de los medios (oh ¡si!, ¡voy a cometer el horror de hablar de algo que tocaron los monopolios del sentido y la representación!) gracias a uno de los tantos ¿neo? fascistas que pululan por nuestro país: se trata de la educación sexual en las escuelas (que, por lo que sigue yo lo extendería a las universidades). Siendo que mi mayor interés en este último tiempo ha sido la educación y que como mujer siento que somos las más afectadas en un punto por la forma en la que los sujetos se relacionan en su sexualidad (que se explicará también por lo que sigue... la mina no explica nada, ¡todo lo remite hacia más adelante!) debo pronunciarme. Y decido hacerlo con un ejemplo (¡ahora si!):
Él tiene 48 años, Ella tiene 37. No son ningunos nenitos ni adolescentes calientes que no miden las consecuencias de sus acciones. Son dos adultos, con hijos, con profesiones que los tienen en una buena posición económica y social (porque después dicen que los pobres son los únicos que hacen lo que sigue). Ellos mantienen una relación "libre", basada en lo físico, sin compromisos. Pero existe algo negativo en cómo lo encaran.
Él se niega a usar preservativos, ya que dice que "no es lo mismo". Ella, que tiene miedo a perderlo, pero que a la vez teme tanto quedarse embarazada como contraer SIDA, acepta no usarlo. Ella "confía" en alguien que no sabe ni cuántas parejas sexuales tiene. Además confía en épocas donde (valga la redundancia) no hay que confiarse.
Ella cede aún contra sus propios deseos, contra sus ideas.
La educación sexual no "induce" (término pedorro si los hay) a una sexualidad precoz. Ella enseña a elegir. Pero por sobre todo aboga por el amor propio, por la liberación de los sujetos en la búsqueda de la expresión de su sexualidad.
Si te querés al menos un poco, tenés que saber que nadie NUNCA debe hacer con vos algo que no querés.
Quien no te cuida no te quiere. Quien te exige lo que no querés dar te desprecia y te hace mal.
El amor no es dependencia. El sexo es placer, satisfacción, y no un acto de poder de un sexo sobre el otro.
El SIDA no es joda. Y ahí no existe confianza que valga. Después se preocupan por la Gripe A, putean al que les pueda estornudar cerca, ¿y después usar o no forro es una opción?
A todos los que desprecien el rol de la educación sepan bien que es la única vía hacia la liberación (si, me arriesgo a sonar positivista). Liberación irónica, ya que uno se somete a ella justamente para liberarse, pero efectiva. ¿Cómo saber qué hacer sin haber sido educado, sin poseer información?
Así que no se trata de todas las opiniones que se están dando mediáticamente sobre el tema: ni se trata de si los pendejos cogen antes de tiempo, ni de si tienen que esperar al matrimonio (idea anacrónica y ya imposible en la sociedad de hoy), ni de si está bien masturbarse o no, ni esa vieja idea de que por saber las cosas se hacen antes. Se trata de que cada uno haga lo que guste con su sexualidad pero sin comprometer por eso su vida. Se trata de disfrutar y no de padecer el sexo.
Porque aunque suene trillado y pedorro, si vos no te querés primero NADIE te va a querer.
Es un consejo de Mery...
Él tiene 48 años, Ella tiene 37. No son ningunos nenitos ni adolescentes calientes que no miden las consecuencias de sus acciones. Son dos adultos, con hijos, con profesiones que los tienen en una buena posición económica y social (porque después dicen que los pobres son los únicos que hacen lo que sigue). Ellos mantienen una relación "libre", basada en lo físico, sin compromisos. Pero existe algo negativo en cómo lo encaran.
Él se niega a usar preservativos, ya que dice que "no es lo mismo". Ella, que tiene miedo a perderlo, pero que a la vez teme tanto quedarse embarazada como contraer SIDA, acepta no usarlo. Ella "confía" en alguien que no sabe ni cuántas parejas sexuales tiene. Además confía en épocas donde (valga la redundancia) no hay que confiarse.
Ella cede aún contra sus propios deseos, contra sus ideas.
La educación sexual no "induce" (término pedorro si los hay) a una sexualidad precoz. Ella enseña a elegir. Pero por sobre todo aboga por el amor propio, por la liberación de los sujetos en la búsqueda de la expresión de su sexualidad.
Si te querés al menos un poco, tenés que saber que nadie NUNCA debe hacer con vos algo que no querés.
Quien no te cuida no te quiere. Quien te exige lo que no querés dar te desprecia y te hace mal.
El amor no es dependencia. El sexo es placer, satisfacción, y no un acto de poder de un sexo sobre el otro.
El SIDA no es joda. Y ahí no existe confianza que valga. Después se preocupan por la Gripe A, putean al que les pueda estornudar cerca, ¿y después usar o no forro es una opción?
A todos los que desprecien el rol de la educación sepan bien que es la única vía hacia la liberación (si, me arriesgo a sonar positivista). Liberación irónica, ya que uno se somete a ella justamente para liberarse, pero efectiva. ¿Cómo saber qué hacer sin haber sido educado, sin poseer información?
Así que no se trata de todas las opiniones que se están dando mediáticamente sobre el tema: ni se trata de si los pendejos cogen antes de tiempo, ni de si tienen que esperar al matrimonio (idea anacrónica y ya imposible en la sociedad de hoy), ni de si está bien masturbarse o no, ni esa vieja idea de que por saber las cosas se hacen antes. Se trata de que cada uno haga lo que guste con su sexualidad pero sin comprometer por eso su vida. Se trata de disfrutar y no de padecer el sexo.
Porque aunque suene trillado y pedorro, si vos no te querés primero NADIE te va a querer.
Es un consejo de Mery...